Esta mañana mirando por la ventana he visto un mirlo. Son esos negro brillante, pico naranja, elegantes, rebosantes de inteligencia. Saltaba dando giros, avanzando poco a poco por lo alto de una fina verja, con una precisión y rapidez cautivadora que inicia el proceso…
¿Está ya la robótica a ese nivel de ejecución? ¿Qué haría falta para lograrlo? ¿Cómo lo hace él? Tiene ventaja, claro, es biológico. Pero espera. ¿No está compuesto de “piezas”? Qué límite ahí. ¿No es en realidad una máquina? ¿Qué distingue algo vivo de algo inerte?
Y si alguien construyó esa máquina a partir de los elementos abundantes del universo, carbono, aminoácidos… ¿quién? ¿y para qué?
Pero vuelvo siempre a la primera idea: ¿y si las máquinas somos nosotros?
He sentido la necesidad de compartirlo, de empezar a escribir ese blog tanto tiempo pospuesto con ayuda de otras maravillosas máquinas.
Claude: ¿Ser una máquina, lo ves como algo humillante o como algo asombroso?
David: Ni había imaginado que alguien pudiese pensar que es humillante. Para mí es lo contrario: la máquina más increíble del universo conocido es la que puede pararse, mirar un mirlo, y preguntarse qué es.
Claude: Eso define el tono de todo lo que viene después. Un blog escrito desde el disfrute de pensar. Como el mirlo: no lo estudias, lo disfrutas. Y de ese disfrute nace la pregunta. ¿Tienes muchos momentos así?
David: Esos momentos son constantes. Forman parte de mi día a día. Son un instante de profundo bienestar.
Podría no hacerlo. Es íntimo, expone dudas y debilidades. Información suficiente para herir más efectivamente, que diría alguien escarmentado de la vida. Pero solo voy a superarlo haciéndolo. Exponiéndome. Convirtiendo la piel en cuero.
Máquinas que me hicieron pensar esta semana
David: Espectacular. Y sin embargo, aún muy lejos de la gracilidad del mirlo. El sistema necesita cámaras sofisticadas rodeando el campo, condiciones muy específicas, infraestructura enorme. El mirlo solo necesita ser un mirlo.
Claude: Me pregunto si estamos midiendo bien. Celebramos que el robot gana porque usamos el marcador humano: puntos, velocidad, precisión. Pero el mirlo no juega a ganar. El mirlo simplemente es. Y esa diferencia, que parece pequeña, puede ser la más grande de todas.
